sábado, 11 de noviembre de 2017

Vuelta a Escocia (Oban)

Tras llegar desde Glasgow en autobús a Oban, que es un pueblo pesquero, uno de los que tiene mejor marisco de todo Reino Unido, entro al albergue, en el cual me alojé en 2014, para dejar la mochila y dar un paseo por la localidad. Me recibió un día de viento y lluvia, pero nada descabellado en estos lares, aun así, decido hacer una primera parada estratégica para retomar el contacto con las cervezas de la tierra, entrando al primer pub local, el cual tenía pinta de ser el de los abuelillos del municipio.


Tras degustar una McEwans, tengo la brillante idea de ir a visitar la destilería de Oban, en el cual tras un recorrido por sus instalaciones, y al percartarse el guía de que yo era español, concretamente de Zaragoza, me dijo que conocía esta ciudad gracias al Real Zaragoza (sigue siendo este el único motivo por el que conocen nuestra ciudad en bastantes lugares). Tras esta pequeña charla, pruebo dos whiskies locales, y como no podía ser de otra manera, en Escocia saben mucho mejor.



Tras comer un bocadillo, regreso al albergue, donde me percato de que me había equivocado, y había reservado el que está en la otra punta del pueblo, buen inicio de vacaciones...

Una vez ya en el albergue correcto, conozco a los compañeros de habitación, gente de Alabama y de Israel, con los que comparto menú los días que me alojo aquí, buena gente que cambia la percepción que tenemos todos de diversos lugares del mundo, y de que no es todo como lo venden en televisión.

 (Vistas de Oban y la Isla de Kerrera)


Tras pasar la primera noche de las dos en Oban, tomo un autobús hasta la localidad próxima de Connel, la cual me llamó la atención por el pintoresco puente que cruza la desembocadura del Loch Etive, y como no, del Oyster Inn, un bar-restaurante y hostal que está casi debajo del puente. Tras probar dos cervezas artesanales (de las miles que hay en toda Escocia), un parroquiano que se encontraba en la barra junto a mi, decide conversarme, a quien se une otro hombre local, con quienes hablamos de España, de la gente, de la vida, y que tras conversar con ellos, a la hora de marchar, me desean todo lo mejor en la vida y que disfrute de su hermosa tierra. Ya conocía la hospitalidad de los escoceses, en especial de los Highlanders, pero son detalles que te llegan mucho.
(Loch Etive y puente sobre él)



  (Oyster Inn)


Disfruto de un bocadillo en la marquesina del autobús con unas preciosas vistas, mientras espero al autobús que me llevará hasta Appin.

(Costa de Connel)


Una vez apeado del autobús en esta localidad, sólo me separan 3 kilómetros a pie hasta mi destino, el Castle Stalker, al cual se llega por un camino asfaltado entra árboles con las hojas con colores otoñales, y que es parte del Great Glen Way, el cual comunica Oban con Inverness y es una muy buena ruta para hacer en bicicleta o andando.



Este castillo es muy conocido por su aparición en películas, también por ser una de las estampas típicas de Escocia. Muy famosa es para los que seguimos las películas de los Monty Python, la escena final justo frente a este castillo. Como la escena que enlazo a continuación: 
https://www.youtube.com/watch?v=2PckeXD7Xyc



Después de disfrutar de las vistas, con un tiempo bastante bueno, paseando por la zona, veo que hay un pequeñito hostal, aquí al lado de cada sitio visitable, montan con hostal con un bar más que acogedor, como es el caso del Old Inn.

(Interior del Old Inn)

(Camino de regreso hacia Appin)

Con las pilas recargadas, deshago el camino recorrido para volver hasta Appin, y tomar el autobús de vuelta hasta Oban, y así descansar de una gran jornada, y disfrutar con mis compañeros de habitación de un menú típico de Israel, ni idea del nombre, pero era una sopa espesa de hortalizas, muy rica, para después degustar un poco de whisky antes de ir a dormir, ya que en la siguiente jornada tocaría un desplazamiento intermodal con trasbordos para llegar a Glencoe.

(Atardecer en Oban)

Cómo llegar a Oban: Tren y Autobús desde Glasgow
Dónde alojarse: Oban Backpackers, Oban Youth Hostel
Cómo desplazarse por la zona, en tren, autobús, o incluso con ferries para ir a Mull, Kerrera o Barra entre otros.

viernes, 28 de octubre de 2016

Pirineo Aragonés (III)

Tras una mañana disfrutando en Pineta, toca coger carretera y manta y bajar hacia el Valle de Vió, o Ballibió. 

Zona desconocida por completo tanto para mí como para tanta gente, ya que sus accesos no son los mejores, y la mayoría de la gente va por el este a Pineta,s y por el oeste a Torla. Lo que quedó claro es que me dejó con ganas de ver y descubrir mucho más.

Para acceder desde Escalona, hemos de pasar por estrechísimos cañones en los que la roca está encima de la carretera, en la que apenas cabe un coche y lo mejor que puede hacer uno cuando es posible, es parar a disfrutar de semejante escenario, el trabajo que tuvo que llevar hacer esa carretera (y tantas otras) a pico y pala, y lo poco que lo valoramos hoy en día.






Hay momentos en los que parece que sea imposible salir del fondo del cañón, hasta que nos acercamos a una zona en la que la cuneta está plagada de coches aparcados, ya que hay un desvío para ir a la Ermita de San Úrbez y al cañón de Añisclo, el cual ignoro y paso de largo. Subiendo durante unos kilómetros llego a Vió, donde pude disfrutar de unas espectaculares vistas de Añisclo.


El día iba siendo largo y mi estómago protestaba con que con acierto fui hasta Buerba a comer, y no hice mal. Comí en Casa Lisa, donde los propietarios me trataron como si estuviera en casa, y estuvimos buen rato de conversación, conocían Tosos y sobretodo hablaron maravillas del vino de mi tierra, Cariñena. Las chuletas de cordero con una cerveza y estas vistas... una imagen vale más que mil palabras.



Buerba, tiene muchos encantos, como sus robles centenarios, o las chamineras en todas sus viviendas, de hecho es el pueblo de las chamineras.




Me hubiera quedado a gusto ahí, la verdad, pero debía de seguir mi trayecto por pueblos de este valle, hasta ya saliendo de él llegar a Nerín, pequeño pueblo en el que en invierno viven tres casas, pero cuenta con hotel y albergue, en el cual me albergué esa noche. Estaba lleno de montañeros y senderistas franceses, los de fuera valoran más nuestro entorno que nosotros mismos. La carretera de acceso a la localidad seguía sin ser aburrida. 


La tarde fue tranquila, pude disfrutar de una cerveza en la terraza hablando con el dueño del hotel, e incluso se me ocurrió montar el camping gas en la plaza del pueblo ya que no había ni gatos para hacerme la cena ahí.



viernes, 21 de octubre de 2016

Pirineo Aragonés (II)

La primera experiencia de acampar en octubre y en solitario, no pudo ser mejor, prácticamente todo el camping para mi sólo, y unas temperaturas tampoco muy bajas, no necesité la manta, con el saco y la braga al cuello bastó por esa noche. Simplemente despertar con estas vistas es algo que es impagable.

Tras tomar un cortado, y dejar la tienda a la espera de que le diera el sol y se secara, marché hacía el fondo del Valle de Pineta, para aparcar el coche justo en el parking del antiguo camping libre, que ya cerró hace unos años, no sin polémica. La zona ahora está llena de vacas pastando a su libre albedrío. La sequía en esta época que registraba el Pirineo es preocupante, el río Cinca totalmente seco, bien es cierto que tiene tramos en los que las aguas transcurren subterraneamente, pero en este estado nunca lo había visto.



Al final, desde la Ermita de Pineta, inicio el ascenso hacia los Llanos de La Larri, por lo visto lo hice por el sendero más complicado, pues había tramos en los que tenías que intuir la pista o trepar por rocas, pero así es más entretenida la ascensión todavía, ya que la ascensión entre hayedos ya la hacía más que recomendable. 


Tras un rato ascendiendo sin ver el final, llego a la pista que lleva a nuestro destino, por la cual circulan vehículos forestales o los encargados de las vacas que pastan ahí. Coincidiendo con una pareja de senderistas, ya sólo queda llegar al final del trayecto y disfrutar de maravillosas vistas. Me debe el Pirineo una ruta por estos lares sin sequía, pudiendo disfrutar de las cascadas con más caudal.






Tras disfrutar de un momento de relajación, decido volver a bajar pero por otro lugar, siguiendo la pista por la que he terminado subiendo, hasta que tras cruzar la cascada de La Larri desciende hasta las praderas de Pineta. La verdad que esta vereda es impresionante, bajando casi verticalmente junto a la cascada ya mencionada.


Ya en la pradera, salimos del Parque Nacional de Ordesa y Monteperdido, y volvemos entre cauces secos y vacas despreocupadas al parking, para volver al camping a recoger el tenderete.


No podía abandonar este impresionante valle de origen glaciar, sin disfrutar de las vistas desde el Embalse de Pineta, nada que envidiar a los paisajes de Canadá o Noruega, una auténtica joya que tenemos en nuestra tierra.


El día no terminó aquí, aún quedaba mucho, carretera y rumbo a añiclo... para la semana que viene, más.